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Motivación y Autoestima en el Deporte

  

por Jose Barquero (Esp) < jbarkero@yahoo.com >

 

 


  INDICE  

 


 0 - INTRODUCCION

Desde la perspectiva de las funciones de la enseñanza, cobran especial relevancia todas aquellas interveciones encaminadas a conseguir un adecuado desarrollo personal del jugador. La acción educativa en general no puede centrarse en la transmisión de conocimientos, sino que ha de velar por el logro de todos aquellos objetivos que hacen referencia al desarrollo de una personalidad equilibrada y sana.
Frente a las concepciones que consideran al ser humano como un organismo vacío que sólo reacciona a un conjunto de estímulos, bien en profundidad (Freud), o en superficie (conductismo), se desarrolla una psicología perceptual, en base fenomenológica, que defiende que el individuo es un ser activo con preocupación constante por la organización de su mundo, que la interacción del organismo con su medio es la base de la experiencia y que el campo perceptual, como organización de las percepciones que el individuo tiene del mundo que le rodea, es el determinante de su conducta.
La perspectiva orientadora que adopta este marco interno de referencia pone especial énfasis en conocer y actuar de tal manera en el individuo que éste desarrolle percepciones positivas de sí mismo y de su medio, pues considera que el potencial mayor de cambio se halla en la propia dinámica interna de la persona. Lo importante es la vivencia que cada uno tiene de nuestra realidad. ¿Qué valor tendrá para el deportista una buena base técnica y táctica si, en el momento de tomar una decisión en un partido, no percibe como valiosa dicha base?
El conocimiento y reflexión de cada jugador sobre su realidad personal será el objetivo de este trabajo.

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 1 - LAS ACTITUDES Y SUS COMPONENTES

La temática de la autoestima puede ubicarse en el marco de las actitudes hacia sí mismo.
La consideración de las actitudes como una organización relativamente duradera de creencias en torno a un objetivo o situación, que predispone  a reaccionar preferentemente de una manera determinada, nos lleva a plantearnos la cuestión de los componentes fundamentales de las mismas, que son de tres tipos: cognoscitivo, afectivo y comportamental.
- Cognoscitivo: hace referencia a la percepción o representación mental que tenemos sobre el objeto de la actitud; sin una base de conocimiento, aun siendo limitado o distorsionado, sobre un objetivo no puede edificarse una actitud hacia el mismo. Dicho componente no tiene que ser necesariamente consciente y en ocasiones, lleva asociada una valoración simultánea del objeto.
- Afectivo: hace referencia a la respuesta emocional generada por la asociación del objeto actitudinal a situaciones placenteras o satisfactorias, o a sus contrarias. Este componente es considerado como el de mayor importancia en la configuración de las actitudes.
- Comportamental: implica la predisposción, intención o explicación de la conducta que seguirá un individuo frente a un objeto de actitud. Este componente es el que nos facilita la predisposición de las conductas que una persona seguirá ante un determinado objeto o situación.
Las actitudes implican lo que la gente piensa de, siente respecto a, y cómo le gustaría comportarse respecto a un objeto de actitud. El comportamiento no es sólo determinado por lo que a la gente le gustaría hacer, sino también por lo que cree que debería hacer (normas sociales), por lo que ha hecho generalmente (costumbre) y por las consecuencias que se esperan del comportamiento.

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 2 - AUTOESTIMA: DEFINICION Y CARACTERISTICAS

Recogemos algunas de las definiciones más conocidas de los términos autoconcepto y autoestima, empleados como sinónimos aunque ha de señalarse que en el segundo se incluye la valoración que el sujeto hace sobre ciertas características pertenecientes a sí mismo.

DEFINICIONES DE AUTOESTIMA :

  • “Un conjunto organizado y cambiante de percepciones que se refieren al sujeto. Como ejemplo de estas percepciones citaremos las características, los atributos, cualidades y defectos, capacidades y límites, valores y relaciones que el sujeto reconoce como descriptivos de sí y que él percibe como datos de su identidad (C. Rogers, 1967)”.
  • “La organización de percepciones acerca de sí mismo que le hacen ser al individuo quien él es. El self (uno mismo) está compuesto de miles de percepciones que varían en claridad, precisión e importancia según la peculiar economía del sujeto (A. Combs, 1971)”.
  • “Un dinámico y complejo sistema de creencias que el individuo mantiene con respecto a sí mismo y en el que cada creencia aparece con un valor positivo o negativo (Purkey, 1970)”.
  • “La evaluación que el individuo hace y generalmente mantiene con respecto a sí mismo; ésta expresa una actitud de aprobación o desaprobación e indica la medida en la que el sujeto cree ser capaz, importante, exitoso y valioso (S. Coopersmith, 1967)”.
  • “Una estructura multidimensional compuesta de algunas estructuras fundamentales que delimitan las grandes regiones globales del concepto de sí mismo. Cada una de ellas abarca porciones más limitadas de sí mismo (las subestructuras) que a su vez se fraccionan en un conjunto de elementos más específicos (las categorías), caracterizando así las múltiples facetas del concepto de sí mismo (R. L’Ecuye, 1985)”.
  • Se podría definir como la creencia interna de que uno es capaz de hacer algo, basándose en la idoneidad de las propias capacidades para lograrlo con éxito.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA AUTOESTIMA :

  • Para el individuo, la autoestima es el centro de su universo personal. Cuando hace referencia a su sí mismo global, el término yo o mí aparece en primer lugar ya sea refiriéndose al concepto que de sí mismo tiene, al valor que le concede o al comportamiento que tiene consigo mismo.
  • Es multidimensional. Cada una de sus dimensiones (física, social, moral, familiar...) tienen importancia específica, pero contribuyen a generar una globalidad que va más allá de la mera suma de sus partes.
  • Es jerárquico. No sólo en lo que hace referencia a la distinta importancia que pueden tener cada una de las dimensiones, sino también porque existe una gradación del valor de las distintas categorías que componen cada dimensión.
  • Es proporcionalmente estable a la jerarquía de sus dimensiones y a las categorías de cada dimensión. Cuando más cerca del núcleo está, más estable será la percepción, valoración y comportamiento de todo lo referido a lo deportivo.
  • Es evaluativo. El individuo no sólo hace descripciones de sí mismo sino que también efectúa evaluaciones sobre las mismas (autoestima). Dichas evaluaciones siguen los mismos patrones anteriormente expuestos: pueden ser diferentes para cada dimensión y dentro de cada una, tienen mayor importancia y son más difíciles de cambiar en la mediada que se refieren a los niveles más altos de jerarquía.
  • Es dinámico. Debido al efecto circular de la autoestima, cada creencia corroborada y afianzada por el yo tiende a mantener y reforzar su propia existencia.
  • Se genera a través de un proceso de aprendizaje como consecuencia de la interacción del organismo con su medio. El conjunto de creencias sobre sí mismo son producto de la propia experiencia vital del sujeto. Esta experiencia proviene de la interacción del individuo con su medio físico y sociocultural.

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 3 - LA MEDIDA DE DIAGNOSTICO DE LA AUTOESTIMA

Un problema de fondo se plantea en el momento de intentar la medida y evaluación  de la autoestima de un jugador. Si queremos ser consecuentes con los principios fenomenológicos que sustentan las teorías de la autoestima, hemos de reconocer que la autoestima no está abierta a una directa observación y posterior medida por parte de un observador externo. La privacidad que del concepto de sí mismo tiene cada persona le hace invulnerable a cualquier diagnóstico externo. Por tanto, cabe preguntarse si hay procedimientos, técnicas o estrategias que hagan posible una aproximación evaluativa de la realidad de la autoestima de una persona.

LA METODOLOGIA INFERENCIAL

Consiste en describir por una persona, que no sea el propio sujeto, la autoestima que de sí mismo tiene un individuo a partir de una serio de productos del sujeto en cuestión: respuestas a test proyectivos, conductas específicas, contenido de entrevistas, etc. a partir de dichos productos, el observador lleva a cabo una serie de inferencias sobre la autoestima del sujeto. Desde la perspectiva fenomenológica el fundamento de tal metodología es claro:
Dado que la conducta de la persona está en función de sus percepciones, entonces, si se llevan a cabo cuidadosas observaciones de dicha conducta será posible inferir la naturaleza del campo perceptual que la ha producido.
Pero enormes dificultades presenta la metodología inferencial para una correcta aplicación por la necesidad de un profesional cualificado reduce la aplicación de esta metodología, generalmente reservada a situaciones clínicas.
Será útil siempre y cuando las observaciones del profesor se ajusten a las condiciones requeridas por una observación sistemática.

LA METODOLOGIA AUTODESCRIPTIVA

Consiste en solicitar al sujeto una descripción o valoración de sí mismo (autoestima), verbal o escrita, bien de una forma totalmente libre, a partir de una cuestión general, o a través de un cuestionario específico en el que el sujeto acepta y/o valora determinadas características referidas a sí mismo.
Obtenemos las denominadas autoimágenes declaradas del sujeto. El fundamento de esta metodología estriba en considerar que, dada la inaccesibilidad al autoestima de la persona, sólo es posible conocer aquello que el propio sujeto nos manifiesta. El problema radica en admitir como válido y real el contenido de tales autoimágenes, dadas las innumerables fuentes de distorsión en las que puede incurrir el sujeto al realizar su introspección y al expresar el resultado de la misma.
El hecho de poder definir de forma operativa la variable a estudiar puede permitirnos utilizar sus respuestas como indicadores del autoestima del sujeto. Hemos de procurar dar un sentido de complementariedad a las diferentes fuentes de información disponibles. Así, el contraste de los resultados obtenidos en un cuestionario de autoimagen con la observación de la conducta del sujeto puede sernos de gran utilidad.

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 4 - AUTOESTIMA Y RENDIMIENTO

Algunas consideraciones previas :

  • No existe una única definición operativa de autoestima. La utilización de diferentes dimensiones de la autoestima, el uso de inferencias o autodescripciones dificulta la generalización de conclusiones.
  • No existe una única definición de rendimiento deportivo, que está en función de los objetivos de cada uno.
  • No se ha definido con claridad la tipología de las muestras utilizadas.
  • No se han controlado los efectos de otras variables que pudieran afectar las relaciones entre autoestima y rendimiento.
  • La práctica totalidad de investigaciones son de carácter descriptivo. En consecuencia, sólo puede hablarse de relación o asociación de autoestima y rendimiento, quedando excluida toda inferencia sobre la relación causal entre ambos.

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 5 - LA AUTOESTIMA ¿CAUSA O EFECTO DEL RENDIMIENTO ?

Uno de los retos es descubrir los factores (causas) que determinan un resultado (efecto), por lo que las conclusiones acerca de si el autoestima es causa o efecto del propio rendimiento no pueden considerarse como definitivas.

LA AUTOESTIMA COMO CAUSA DEL RENDIMIENTO

Los cambios positivos en la autoestima deberían conducir a incrementos del rendimiento deportivo. La autoestima es considerado como un prerrequisito para el aprendizaje.
Si se producen incrementos significativos en la autoestima de los jugadores, tomando en consideración la intervención sobre los padres, se producen sistemáticos y favorables resultados (Head Start).
La cuestión está en si podemos considerar como rendimiento los progresos de los jugadores en la esfera afectiva. La respuesta es afirmativa, ya que las metas y objetivos no pueden identificarse exclusivamente con las estrictas habilidades deportivas. Es claramente asumido que el rendimiento es consecuencia de una compleja interacción de factores.

LA AUTOESTIMA COMO EFECTO DEL RENDIMIENTO

La hipótesis de que la autoestima es el resultado o efecto de un mayor éxito o progreso deportivo ha sido definida por el enfoque del aprendizaje conductual de las habilidades básicas. El adecuado planteamiento y estructuración de la enseñanza de específicas habilidades para el éxito y el uso de inmediatos refuerzos es la causa del incremento de la autoestima. El considerar el rendimiento como un factor causal de la autoestima nos ofrecen suficiente evidencia para tomar en consideración cualquier tipo de acción en esta dirección.

AUTOESTIMA Y RENDIMIENTO: UNA VIA DE DOBLE DIRECCION

Tal y como se encuentra en estos momentos el estado de la cuestión autoestima – rendimiento, parece sensato concluir que existe una mutua interacción causal. Un incremento del rendimiento deportivo produce imágenes más positivas que a su vez influencian el propio rendimiento. El autoestima influye en el proceso dinámico de la motivación para el aprendizaje. Si el alumno no se siente bien consigo mismo como persona y como jugador, se producirá una pérdida de motivación para el progreso.
Es importante identificar, desarrollar y potenciar múltiples vías y estrategias que actúen en las dos direcciones.
Un pensamiento positivo genera emociones positivas y todo ello desemboca en actuaciones positivas, porque según pensamos, así sentimos y actuamos.
Es tan importante como el entrenamiento de las habilidades técnicas, porque facilita que éstas se puedan demostrar.
La disciplina mental produce continuidad en el trabajo y en la forma de afrontarlo, hace que se perciba la actuación deportiva desde puntos de vista muy reales y positivos y nos lleva a actuar dentro de nuestros parámetros máximos.
El mantenimiento de la disciplina mental desemboca en el estado máximo de actuación (Loehr. 1986). Para ello utilizamos dos factores: la forma en que el deportista utiliza su energía emocional y el grado de intensidad que emplea en ello.
Afrontar una situación con una actitud positiva implica conocerla, analizarla y responder a ella de la forma más adaptada posible.
Cuando una situación crea al deportista una actitud no adaptada conviene que analice los pensamientos y las sensaciones que tiene y los compare con otros pensamientos y sanciones que le permitirían tener una actitud positiva.
Si bien es cierto que algunos deportistas necesitan estar muy motivados para competir, lo importante no es la intensidad de excitación, sino la percepción de su propia activación ante la competición.
Captar cómo cada deportista percibe la próxima competición, de que forma esta percepción varía su nivel energético y cómo canalizar la activación que se va generando progresivamente es la clave para la comprensión del fenómeno de la activación y su influencia en el rendimiento deportivo. Tan importante es conocer el nivel adecuado de alerta para rendir al máximo como en qué grado controla el deportista esa activación y es capaz de mantener dicha energía.

OTRAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ACTITUD Y EL RENDIMIENTO DEPORTIVO

Para alcanzar una actitud positiva que permita al deportista obtener el mejor rendimiento posible, es fundamental trabajar con los pensamientos y las emociones obedeciendo al propio ritmo competitivo, es decir, considerando los períodos de entrenamiento. Este ciclo competitivo es el que delimita el trabajo no sólo en aspectos puramente físicos sino también en todo lo referente a los aspectos mentales.
Cuando un deportista tiene un nivel bajo de autoconfianza durante la sesión de entrenamientos hay que alternar objetivos tanto de ejecución como de resultado. Sin embargo, durante la competición es importante que esté centrado en lograr objetivos de ejecución, como puede ser la misma concentración, es decir, permanecer atento y concentrado durante todo el partido... en tanto en cuanto el deportista con poca confianza no se obsesione con el resultado deportivo que se espera de él y no anticipe posibles resultados, el deportista se sentirá sin tanta presión y con un objetivo muy específico a cumplir.
Este procedimiento es muy útil en deportistas jóvenes que empiezan a adquirir capacidades motoras y en aquellos que ya las han automatizado pero que tienen una débil confianza en sus posibilidades.
Pero ocurre lo contrario con deportistas de una gran y real autoconfianza. En los períodos competitivos se deben proponer los objetivos más desafiantes que puedan sobre el resultado, ya que aguantan la posible presión que puede caer sobre ellos, sin que por ello se desvíen de su objetivo o descienda su rendimiento deportivo. Incluso cuando este tipo de deportistas se relajan demasiado y baja su nivel de arousal para rendir al máximo, retarles por medio de un objetivo de resultado tiene consecuencias positivas. Pero no hay que olvidar que para hacerlo, el entrenador debe estar bien seguro de la veracidad de la autoconfianza del deportista.
La adecuación de los objetivos tiene consecuencias directas sobre el rendimiento deportivo y la actitud del deportista. A nivel emocional uno de los sentimientos que se contrapone a la actitud positiva es la frustración, que aparece cuando no logramos alcanzar un objetivo o cubrir una necesidad propia. En general, la frustración produce sensaciones emocionales tan desagradables para el deportista que puede llegar a desbaratar toda una temporada de entrenamientos si no se cubre esa necesidad deportiva en forma de logros ya sean de ejecución o de resultado.
La autoestima y el autoconcepto se relacionan en lo que viene a ser el nivel de aspiración del deportista.
Mientras que las habilidades reales del deportista se adecuan a su nivel de aspiraciones, es decir, a los objetivos que se haya propuesto y a su autoestima, el deportista practicará el deporte con ajuste y sin problemas, estos surgen cuando:
Las habilidades reales del deportista son superiores a su nivel de aspiraciones (a sus objetivos y a al cómo se ve él mismo), resultando un sentimiento de infravaloración.
Las habilidades reales del deportista son inferiores a su nivel de aspiraciones (su objetivo y su autoestima es superior a su actuación real) resultando un sentimiento de frustración.
En ambos casos, el entrenador debe replantear los objetivos del deportista de forma que éstos le motiven y resulten más realistas y alcanzables acorde con sus posibilidades físicas y esfuerzo personal; y analizar también conjuntamente con el deportista el estado de autoestima de este último. La mejor forma de hacerlo es evaluando su trayectoria deportiva en cuanto a mejoras en el aprendizaje y no en cuanto a obtención de logros, de forma que el deportista vea que mejora, sin estar obsesionado por tener buenos resultados.
El entrenador debe favorecer el análisis y los pensamientos adecuados durante los entrenamientos, antes de una competición, en los descansos de la misma y al terminarla, así como debe también favorecer la integración y la expresión óptima emocional durante el período competitivo. Sólo cuando pensamientos y emociones e imágenes se integren y fluctúen de una a otra función cuando lo requiera la situación, la actuación deportiva y el rendimiento se verán favorecidos.
Existe también una relación entre la apariencia externa de ganar (de actitud positiva y el rendimiento). Hablamos de las sensaciones que determinados deportistas emiten al resto. Cuando los pensamientos adecuados conducen a emociones adecuadas y, como resultado, el deportista rinde al máximo, los espectadores, su entrenador, todos los que le ven saben que, independientemente del resultado es un ganador. Este efecto se produce cuando los pensamientos y las emociones encajan correctamente con las manifestaciones externas que de ellos hace el deportista. Cuando un deportista, a pesar de haber perdido, comenta su conformidad con el esfuerzo que ha realizado y, sobre todo, lo expresa mediante una comunicación no verbal coherente al mensaje verbal, todo el que le escucha le ve ganador aunque haya perdido.
De ahí que la actitud positiva no sólo se queda en el interior del deportista sino que se muestra al exterior, siendo éste uno de los aspectos que más agradecen los deportistas cuando un entrenador lo muestra, por la confianza que transmite.

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 6 - EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA

La formación del concepto de sí mismo constituye un largo proceso que comienza en los primeros momentos del nacimiento. La interacción del individuo con su medio permite el desarrollo de simples esquemas de percepción y de conducta que irán ganando complejidad en la medida que la persona adquiere conciencia de su existencia como entidad independiente. Tan pronto como el yo es percibido y comienza la adquisición del lenguaje, las dimensiones fundamentales de la autoestima comienzan a formularse rápidamente. Los primeros años son cruciales. Las valoraciones que el niño hace sobre sus propias percepciones y las de los otros también serán de suma importancia en el proceso de formación de su autoestima y en el tipo de conducta que desarrolle. La adolescencia constituye otra de las etapas claves al darse la ocasión de proceder a una nueva reestructuración del yo, en la medida que en estos años se produce una crisis natural de identidad que puede alterar patrones considerados como estables hasta esos momentos (Rodriguez, 1977).

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 7 - LA INFLUENCIA DEL AMBIENTE FAMILIAR

La conducta de los padres para el niño es una variable singular en el logro del adecuado desarrollo de la autoestima. Sobre todo la evaluación que de la conducta del niño hacen los padres. Esta evaluación, expresa o implícita, se convierte en un importante punto de referencia para el niño al constituirse en un refuerzo positivo o negativo de la propia imagen de sí mismo.
El tipo y calidad de la atención que los padres prestan a su hijo, el nivel socioeconómico, el nivel educativo o la cantidad de atención prestada, no aparecen como factores explicativos de una positiva o negativa autoestima; sin embargo, las actitudes de los padres con respecto a sus hijos y, sobre todo, el cómo éstas son percibidas aparecen como elemento fundamental. Según Coopersmith (1967), el desarrollo de una autoestima positiva en el marco familiar está asociado a:
Un clima afectivo familiar capaz de generar una atmósfera de equilibrio emocional donde la intensidad y calidad del afecto prevalezca sobre la cantidad del mismo.
Una conducta parental basada en el respeto y democracia que haga posible el desarrollo de una independencia responsable que instigue a la continua búsqueda de alternativas personales. Sólo en un clima de sincera aceptación del otro puede enmarcarse el binomio libertad – responsabilidad, cuyo desarrollo nos llevará a la consolidación de un yo fuerte y seguro. El “yo hago esto por tu bien” debe dejar paso al “haz aquello que te lleve a tu propia realización personal”.
Una clara delimitación de los límites naturales en los que ha de moverse la conducta de los hijos y una real explicitación de las expectativas que el propio seno familiar tiene con respecto a ellos. Frecuentemente la familia espera algo que no ha sido asumido por el hijo, produciéndose una discrepancia que inevitablemente lleva a la aparición de un clima de tensión negativa.

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 8 - LA INFLUENCIA DEL AMBIENTE DEPORTIVO

La necesidad de un diagnóstico precoz que permita conocer desde el primer momento cada autoestima a fin de generar de inmediato las acciones educativas y orientadoras pertinentes. Así, la escuela del Ajax pasa en sus pruebas de selección de jóvenes jugadores, test psicológicos para dar con los jugadores que presentan el tipo sociológico requerido.
El marco deportivo y sus entrenadores ejercen una influencia clara en la dirección que toma el desarrollo de la autoestima del jugador. Ciertas características del entrenador y de su conducta están asociadas a un mayor desarrollo de la autoestima de los jugadores :

  • Una autoestima positiva del propio entrenador como persona y como educador.
  • Una percepción positiva del jugador como persona por parte del entrenador.
  • Un liderazgo del entrenador basado en una autoridad democrática y razonada.
  • Una capacidad de escucha y atención a las necesidades y demandas del jugador.
  • El potenciar una comunicación privada o semiprivada con el jugador.
  • Un sentido del humor (como dimensión psicológica) en el uso de las técnicas de control de la propia situación de entrenamiento.
  • Un bajo nivel de evaluación negativa con los jugadores.
  • El entrenamiento sistemático y planificado, creativo e imaginativo frente a la tarea de rutina.

Algunas de estas conductas del entrenador tienen grandes implicaciones en la creación de un clima de aprendizaje y de convivencia entre jugadores que permite que éstos establezcan positivas relaciones con sus compañeros. Estas relaciones deben constituir objetivo prioritario en etapas como la preadolescencia pues esta comunicación interpersonal es piedra angular en la validación de la autoimagen del jugador.

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 9 - ESTRATEGIAS ORIENTADORAS PARA EL DESARROLLO DE UN POSITIVO AUTOESTIMA EN LOS JUGADORES

El entrenador se constituye en el primer agente del marco deportivo capaz de facilitar un mejor desarrollo de la autoestima del deportista, por medio de una serie de estrategias que están a su alcance.
La clave estriba en conocer con la mayor precisión posible la específica realidad o situación de cada jugador en particular y del grupo en general.

UN MARCO GENERAL

Características generales de estrategia para el logro de una autoestima positiva.
- Los jugadores deben ser conscientes de que se les dedica una atención específica como personas únicas y diferentes que son.
- La comunicación establecida debe basarse en una escucha sin previos juicios de intenciones.
- Se ha de conocer la identidad concreta de los agentes personales (padres, hermanos, amigos, compañeros, etc.) que conforman su marco de referencia más próximo.
- Se ha de ser capaz de querer comunicar o mostrar nuestras pro-pias situaciones inconfortables. Se ha de estar dispuestos a com-partir parte de nuestro propio ser.
- Los deportistas han de poder tener la ocasión de vivir experiencias singulares valiosas que constituyen una fuente de referencia de sí mismo con los demás.
- Se debe generar en los deportistas un sentimiento positivo en rela-ción a que sus aportaciones personales (ideas u objetos) son te-nidas en cuenta al ponerlas en práctica o uso por el entrenador.
- En la relación personal aportamos nuestro ser real y no la más-cara de la apariencia.

LO QUE EL ENTRENADOR DICE A SUS DEPORTISTAS

Cuando el entrenador manifiesta explícitamente los aspectos posi-tivos del jugador, sean estos referidos a cualidades físicas, técnicas o personales, se producen mejoras en las autoimágenes de los deportistas. Es difícil imaginarse a un entrenador incapaz de encontrar en la persona-lidad de un jugador algo digno de ser destacado y alabado. Sólo la vi-sión reduccionista de lo que es valioso en la educación de una persona puede explicar que el entrenador vea algo más que marionetas en el equipo.
El poner de manifiesto lo positivo sobre lo menos positi-vo, permite ofrecer elementos de refe-rencia adecuados para asumir las propias deficiencias personales. En definitiva, el entrenador, a través de sus mensajes verbales, ha de ayudar al deportista a verse con realismo, pero siempre como una persona valio-sa y agente de su propio proceso educativo y no como simple receptor pasivo y sometido a continuas presiones y descalificaciones como deportista y como persona.

EL TIPO DE REFUERZO EMPLEADO POR EL ENTRENADOR

Con demasiada frecuencia se asume que, como el deber del jugador es hacer bien las cosas, sólo debemos actuar cuando éstas no se hacen como se debe. De esta manera, la utilización de refuerzos negativos se erige como práctica habitual.
Asumir la generalización de que la crítica negativa espolea la consecu-ción de mejores resultados es ignorar que el mecanismo del refuerzo de la conducta está mediatizado por cada situación y por las carac-terísticas particulares de cada individuo y grupo. Así, siempre produce mayores efectos la alabanza que la crítica. Cuando esta última se utili-za en público, mejor que sea en grupo que no individualmente. A nivel particular, por el efecto de personalización que se produce, tanto la alabanza como la critica tienen sus mayores efectos.
Dado que el uso del refuerzo se enmarca en todo proceso de evalua-ción, las técnicas y estrategias empleadas en el mismo adquieren parti-cular importancia en cuanto a su influencia en el desarrollo de una positiva autoestima de los deportistas. Cuanto más se conseguiría si la consecución de un ejercicio técnico diese paso al comentario oral (individuo/grupo) en donde aparecieran los logros alcanzados y las direccio-nes para solucionar las dificultades existentes. Cuando tal práctica se lleva a cabo el jugador busca con fruición el comentario que su entrenador le dirige exclusivamente a él.

LAS EXPECTATIVAS QUE TIENE EL ENTRENADOR

Es necesario creer en el va-lor del otro para poder transmitir un sentimiento de valla y reconocimien-to personal que dé calidad a la interacción personal entre entrenador y jugador que ha de estar presente en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Demasiados deportistas sienten que sus entrenadores no creen en ellos, no cuentan con ellos, no les invitan a participar. Las expectativas que el entrenador ha generado a partir de situaciones y experiencias anteriores tienden a ser transferidas al nuevo jugador y situación de aprendizaje. Así, generalmente se proyec-tan expectativas positivas sobre deportistas que han funcionado bien anteriormente o que han tenido hermanos con buen rendimiento. Está demostrado que el rendimiento es mayor en aquellas personas sobre las que el profesor tiene expectativas positivas, generadas de situaciones o experiencias previas.
El modo en el que actúan las expectativas del entrenador es ciertamente complejo y está sujeto a ciertos condicionantes. En general puede afirmarse que cuando están claramente definidas, pueden servir como importante marco de referencia para la propia autoevaluación del jugador y pueden ayudar a comprender la existencia de un marco social con cuyas restricciones y demandas debemos aprender a convivir. Pueden servir de claro mensaje al deportista de que él tiene la capacidad suficiente para llevar a cabo la tarea exigida.
Uno de los problemas mayores que se presentan en este punto es el que se refiere a lo inconsciente de las conductas del entrenador que transmi-ten bajas expectativas. El hecho de que el entrenador no le dé importan-cia a ciertos comportamientos propios no es debido a una actitud nega-tiva o mal intencionada, sino a la ignorancia que tiene acerca de la di-námica del deportista como ser humano. Conductas como las de esperar menos tiempo para que nos responda un deportista del que no esperamos respuesta correcta, no incitar a asumir riesgos moderados de dificultad a aquellos jugadores en los que no creemos que sean capaces de salir adelante, ponen de manifiesto el carácter trivial que los entrenadores conceden a la relación entrenador – jugador. Parece ser que lo importante es ganar, y no aprender, mejorar, divertirse o participar, conceptos solamente válidos si se gana.

La profecía autocumplida. El "Efecto Pigmalion”.

Robert Rosenthal, profesor de Psicología de Harvard, realizó diversos estudios que corroboraron el concepto del “efecto Pigmalion”: la idea que un profesor se forma de uno de sus alumnos determina la manera en que le va a educar y lo que espera de él.
En una escuela pasó un test de inteligencia no verbal a sus alumnos al inicio del año escolar. Informó a los profesores del centro que con ello pretendía predecir la capacidad intelectual de los alumnos. Estos habían sido agrupados en clases de nivel superior, medio e inferior al promedio. Sin analizar los resultados del test, Rosenthal seleccionó al azar al 20% de los alumnos testados en cada clase y los presentó ante los profesores como los alumnos con mayor proyección intelectual y de los que se esperaba que hicieran los mayores progresos durante el año escolar. Al cabo del mismo se comprobó que su nivel intelectual había mejorado cuatro puntos más que el del resto de sus compañeros de clase, independientemente del nivel en que se encontraran.

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 10 - LA MOTIVACION

El entrenador debe tener recursos que le ayuden a contribuir a que sus deportistas consigan sus objetivos, estos recursos ha de saber aplicarlos correctamente y en su justa medida para activar a cada jugador de la forma más adecuada para que influya en su rendimiento, se trata en definitiva, de saber motivar.
La motivación es tener un objetivo y hacer las cosas de la mejor manera posible para conseguirlo, es decir, mostrarse predispuesto a alcanzarlo.
Estar motivado en el deporte, por tanto, es querer obtener un buen rendimiento y hacer lo máximo posible para conseguirlo.
Muestra dos caras :

  • De impulso: componentes energéticos de la motivación, la activación.
  • De necesidad: relacionada con los objetivos, el entrenador tiene que conocer las necesidades individuales de cada deportista.

Ambos aspectos ayudan al entrenador a regular la motivación activando adecuadamente su conducta y orientándola. No sólo es conveniente conocerla, sino pasar a la acción.

Existen una serie de fenómenos que entrenadores y deportistas identifican bajo el epígrafe de motivación :

  • Cuando un deportista es muy constante en la asistencia a los entrenamientos y sigue al pie de la letra las indicaciones del entrenador sin quejas y
  • Cuando un deportista persiste en intentar ganar una competición o aprender una habilidad a pesar de que sea muy difícil, le cueste mucho o sus posibilidades sean mínimas.

En fondo se trata de si el deportista está más o menos orientado hacia la actividad que realiza, si no hay nada que le perturbe en la consecución del objetivo de la actividad que realiza.
El deporte es una actividad física en la que la persona que lo práctica pretende obtener el máximo rendimiento posible siguiendo un reglamento, esta persona, para conseguir este objetivo debe en primer lugar tener un mínimo rendimiento en dicha actividad. A partir de ahí, puede entrenar para ir mejorando dicho rendimiento

Las cualidades iniciales son las genéticas y aprendidas que tiene la persona en el primer momento en que realiza un deporte determinado, lo cual puede ocurrir en cualquier momento de la vida, pero suele darse en la infancia o en la juventud. Cuando una persona práctica un deporte y obtiene buenos resultados se siente con mayor predisposición hacia la práctica de dicho deporte, por tanto empieza a entrenar para mejorar, lo cual le satisface.
Así pues, la motivación es un proceso que se crea y se va transformando, no es algo que se tenga o no, se puede entrenar.

Causas de la motivación pueden ser :

  • A nivel personal, lo buenos resultados, que le hacen sentirse mejor que los demás, le motiva el compararse con los demás, la competición.
  • Obtener reconocimiento social: las personas que son importante para él (padres, profesor, entrenador, amigos) valoran su rendimiento, por tanto es muy importante el apoyo social.
  • Aprender: con el entrenamiento aprende cosas que le hacen mejorar.
  • Recompensas: de tipo económico, regalos, viajes, premios...

COMO INFLUIR EN LA MOTIVACIÓN DEL DEPORTISTA

El entrenador ha de contribuir a la consecución de los objetivos que se marque el deportista para que se sienta motivado, por tanto ha de :

  • Hacer que el deportista aprenda y sepa.
  • Que gane competiciones.
  • Tener una buena comunicación y empatía con sus deportistas.

Para poder entrenar la motivación tenemos que conseguir que el depiortista esté lo más seguro posible de que su rendimiento está mejorando. La manera más sencilla es :

  • Que se vaya dando cuenta de que va aprendiendo y mejorando día a día en el entrenamiento y en la competición.
  • Si dicha mejora se produce, es probable que su rendimiento mejore (gane más competiciones).
  • Si gana más competiciones, el apoyo social y las recompensas aumentarán.

Así pues, lo principal será que el entrenador consiga, no sólo que el deportista aprenda (se supone que es de lo que trata el entrenamiento), sino que se dé cuenta de que está aprendiendo. Para conseguirlo, el entrenador puede decirle lo que espera de ellos, hablar de los objetivos que se quiere conseguir, que los deportistas se impliquen en ellos y dirijan sus esfuerzos esa dirección, también distribuyendo premios y alabanzas les va indicando a los deportistas si están consiguiendo los objetivos fijados o no.

ESTABLECIMIENTO DE OBJETIVOS

El deportista ha de tener claros los objetivos por los cuales entrena y saber que medios ha de utilizar para conseguir su meta, ha de entrenar aspectos que le hagan conseguir buenos resultados.
Objetivos que persigue la técnica:
- Conseguir un estándar específico de eficacia en una tarea, normalmente dentro de sus límites de tiempo definidos.
- Fijar objetivos incrementa la cantidad de trabajo en más de un 50% del que se realiza cuando los objetivos no están fijados.
- Cambiar el concepto de éxito. A partir de ahora tener éxito no va a limitarse a ganar, sino a conseguir los objetivos fijador y en el orden establecido.
- Motivar al deportista, haciéndole consciente de los objetivos que persigue cada tarea que realiza durante los entrenamientos. De esta forma, se consigue un mayor compromiso, por parte del deportista, en seguir el programa de preparación.
Condiciones de aplicación:
- Expresar públicamente los compromisos fijados.
- Que el deportista pueda controlar personalmente su evolución en el logro de los objetivos, proporcionándole medios evaluativos.
- Contar con la colaboración del entrenador en el momento de establecer los objetivos.
- Aplicar la táctica a sujetos con una alta autopercepción de habilidad.
- Establecer objetivos de tipo positivo, individualizados, desafiantes, realistas y claros.

LA CONDUCTA DEL ENTRENADOR : EL REFORZAMIENTO

Refuerzo: cualquiera de las consecuencias que se derivan de nuestras conductas.
La frecuencia de una conducta puede aumentar o disminuir en función de la aplicación o retirada de un refuerzo, de aquello que se le ofrece al sujeto para el cambio de conducta que se le exige.
La correcta aplicación de los principios de refuerzo tiene una estrecha relación con la motivación y autoestima del deportista y los objetivos que éste se marca.
La labor del entrenador no debe reducirse a aspectos técnico – tácticos del deporte sino que debe saber dirigir la conducta de sus atletas, para lo cual se requiere una habilidad especial que no todos poseen.
Aplicar correctamente los principios de refuerzo aumentará la probabilidad de que mejore no sólo el rendimiento, sino también la autoestima y una actitud favorable hacia el deporte.

Recompensa : se debe premiar :

  • La ejecución, no el desenlace de la acción.
  • Los esfuerzos del atleta, más que sus éxitos reales.
  • No sólo el aprendizaje y la ejecución de las habilidades de un deporte, sino también las aptitudes emocionales y sociales.
  • En deportes de equipo hay que valorar una serie de actitudes como el compañerismo y la cohesión de equipo que van a facilitar la buena marcha del mismo.
  • Se debe recompensar frecuentemente cuando se está aprendiendo por primera vez una nueva habilidad y ocasionalmente una vez aprendida a fondo tan pronto como aparezca una conducta correcta utilizando más las recompensas intrínsecas que las extrínsecas.

Como evitar los errores :

  • No dar recompensas indiscriminadamente, pues éstas perderían su valor.
  • No dar por supuestas conductas positivas, olvidando reforzarlas para su culminación.
  • No dar recompensas cuando no se las merecen.
  • No esperar a que se produzca la conducta apropiada sino recompensar también las aproximaciones.
  • No abusar de las recompensas extrínsecas (usarlas como incentivos) y recalcar más las intrínsecas, con la finalidad de favorecer la motivación del atleta a largo plazo.

EL ENTRENADOR Y LA MOTIVACIÓN

Este puede ser junto con la familiar un agente determinante en la incidencia motivacional de los deportistas, ya sea establecidos a través de un aumento de la motivación intrínseca por medio de refuerzos e información adecuados, o a través de la organización y estructura correcta de los medios y objetivos a conseguir.
Su influencia motivadora va variando a lo largo del tiempo, ya que los jugadores principiantes valoran más en el entrenador su capacidad técnica, mientras que los de mayor nivel valoran su aspecto humano. El entrenador es para el deportista una fuente de información de su propia competencia y habilidad.
Según Hartar (1981), los niños que reciben por parte de su entrenador una evaluación de su rendimiento constante y positiva, desarrollaran una alta estima de su aptitud, una orientación intrínseca de su motivación y capacidad de controlar la ansiedad.

LA COMUNICACIÓN ENTRENADOR-JUGADOR

Es fundamental a lo largo del proceso de aprendizaje-entrenamiento, que todos aquellos elementos que transmite el entrenador tengan un significado y sean claramente comprendidos por los jugadores, ya que de otra manera la labor seria vana y carente de sentido y contenido.
Debe estar claramente incorporado a la filosofía del enseñante que el jugador esta ubicado en el centro del proceso formativo-educativo, y como tal hacia el mismo deben estar encaminadas todas las estrategias y recursos para mejorar sus aprendizajes.
La transmisión de conocimientos no es tan solo el hecho de verbalizarlos o informar al respecto, instruyendo acerca de tal o cual tema, el entrenador responsable debe llamar la atención y ser un comunicador que sepa adaptarse al nivel de comprensión y conocimientos iniciales del grupo al que se dirige, despertando el interés de su auditorio.
Manteniendo siempre alto el nivel de atención y buscando que todo ello redunde en una motivación intrínseca por parte del equipo.
Sin estos conceptos de nada servirá un destacado conocedor de una serie de saberes si no tiene la capacidad de conectar con los receptores de la información.
Dentro de este esquema deben ser evitadas las interferencias que se producen entre la emisión del mensaje y su recepción (entre el entrenador y jugadores debido a los llamados ruidos) que comprende todo aquello que se interpone en la transmisión de un mensaje, dificultando su recepción y/o comprensión.

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 11 - LA COHESION DEL EQUIPO COMO FACTOR QUE INFLUYE AL AUMENTO DE LA AUTOESTIMA

En el caso del fútbol, por tratarse de un deporte colectivo, el estado del equipo influirá directamente en el estado del deportista individual y afectará a la imagen de sí mismo estimulándolo positiva o negativamente en función del como se encuentre también el grupo.

COHESIÓN Y RENDIMIENTO SATISFACTORIOS

  1. Exigencias de la tarea
    Los deportes interactivos requieren que los integrantes de los equipos trabajes conjuntamente y coordinen sus acciones. Los deportes de acción paralela necesitan muy poca interacción de equipo o coordinación para lograr sus objetivos.
    La mayor frecuencia de relaciones positivas se da en deportes de equipo que requieren interacción, coordinación y cooperación amplias entre sus miembros; los deportes de acción paralela se exige un rendimiento independiente con poca interacción e integración, de modo que no muestran ninguna relación entre la cohesión y el rendimiento, ni siquiera negativa.
  2. Dirección de causalidad
    Si la cohesión de lugar al rendimiento satisfactorio o si es éste el que origina la cohesión, cohesión para el rendimiento o rendimiento para la cohesión.
    La dirección de causalidad resulta difícil de establecer debido a la existencia de muchos factores no controlados. La relación entre cohesión y rendimiento es circular, el rendimiento afecta a la cohesión tardía y, posteriormente, los cambios en ésta influyen en las ejecuciones subsiguientes.

FACTORES DE LA COHESIÓN.

  1. Satisfacción de equipo
    La satisfacción es un constructo individual. Existe una relación entre satisfacción, cohesión y rendimiento. Los preparadores y educadores hacen bien en construir la cohesión de grupo porque formar parte de un grupo cohesionado produce satisfacción u directa e indirectamente potencia el rendimiento.
  2. Conformidad
    Cuanto más cohesionado está un grupo, más influencia tiene éste en sus miembros individuales, lo que da a entender que dichos miembros recibirán una mayor presión para ajustarse a las actitudes y la conducta del grupo.
    Los grupos muy cohesionados ponen de relieve una mayor conformidad con las normas de productividad del grupo. La conformidad a las mismas se traducirá en que los miembros tengan una productividad mayor o menor.
  3. Estabilidad
    Grado de rotación y movilidad de los miembros del grupo, así como a la cantidad de tiempo que han estado juntos. Los equipos que permanecen relativamente invariables a lo largo de un cierto período de tiempo sean también más estables, cohesionados y, a la larga, obtengan más éxitos.
    Los equipos con mayor cohesión exhibirán una resistencia percibida a la ruptura mayor que aquellos cuyos niveles de cohesión eran inferiores.
  4. Objetivos de grupo
    La mayoría de la gente cree que las personas establecen sus propios objetivos. Pero en las situaciones grupales, como los equipos deportivos o los grupos de ejercicio físico, los objetivos se establecen a menudo para el grupo. No son simplemente la suma de las metas personales de sus miembros, sino percepciones compartidas que remiten a un estado deseable para el grupo como unidad.
    - Los miembros que percibían que su equipo participaba en el establecimiento de objetivos de grupo para la competición presentaban niveles superiores de cohesión.
    - Cuando mayor es el nivel de satisfacción respecto a los objetivos del equipo, mayor es el nivel de cohesión de éste.
    - Aunque las percepciones de la cohesión por parte de los miembros individuales del grupo cambiaban a lo largo de la temporada, en el conjunto de ésta la cohesión estaba todavía relacionada con la satisfacción y los objetivos del grupo.
    Los deportistas que perciben un objetivo de equipo como un estímulo para aumentar el esfuerzo y los ejercicios concebidos para alcanzarlos seguramente se sentirán satisfechos con dichas metas de entrenamiento del equipo. Esto ocurrirá cuando los miembros del equipo reciben feedback de que los ejercicios se llevaron a cabo correctamente y perciben que el equipo se esforzó al máximo y mantuvo la concentración.
  5. Adhesión al ejercicio físico
    Los practicantes del ejercicio físico con niveles superiores de cohesión exhiben una menor frecuencia de absentismo o de retrasos que aquellos cuyos niveles son inferiores.
    La distintividad contribuye a adquirir un sentido de identidad, unidad y cohesión de grupo.

DESARROLLO DE LA COHESIÓN DE EQUIPO

La cohesión no siempre potencia el rendimiento del grupo, peor sin duda puede crear un entorno positivo que provoque interacciones provechosas entre sus miembros.

  1. Comunicación afectiva
    El desarrollo del equipo requiere un ambiente de franqueza en el que no sólo se considere conveniente que se aireen los problemas y cuestiones de interés sino que se estimule a ello.
    A medida que se eleva la comunicación sobre tareas y cuestiones sociales, se desarrolla la cohesión. Como consecuencia, los miembros del grupo se muestran más abiertos, se ofrecen con más frecuencia como voluntarios, hablan más y escuchan con más atención. El líder desempeña un papel importante en la integración del grupo dentro de una unidad que se comunica abiertamente y que actúa con un alto sentido de orgullo, excelencia e identidad colectiva.
  2. Lo que pueden hacer los entrenadores (siempre y cuando la comunicación sea efectiva y sincera).
    - Explicar los papeles individuales en el éxito del equipo.
    - Desarrollar el sentimiento de orgullo dentro de subunidades.
    - Establecer objetivos de equipo estimulantes.
    - Estimular la identidad del equipo.
    - Evitar la formación de pandillas.
    - Evitar la rotación excesiva.
    - Celebrar reuniones de equipo periódicas para resolver conflictos.
    - Permanecer en contacto con el ambiente del equipo.
    - Conocer algo personal sobre cada miembro del grupo.
  3. Lo que pueden hacer los miembros del grupo
    - Conocer a los compañeros del equipo.
    - Ayudar a los compañeros siempre que sea posible.
    - Proporcionar a los compañeros refuerzos positivos.
    - Ser responsable.
    - Comunicarse con el entrenador con franqueza y sinceridad.
    - Resolver los conflictos de inmediato.
    - Esforzarse al 100% en todo momento.

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 BIBLIOGRAFIA

  • Weinberg, R.S. y Gould, D. (1996). Fundamentos de la Psicología del deporte y el ejercicio físico.
  • Pérez, G, Cruz, J y Roca, J. Alianza Editorial (1995). Psicología y Deporte.
  • De Diego, S y Sagredo, C. Jugar con ventaja. Alianza Deporte. Las claves del éxito deportivo.
  • Espinar, R, Alvarez, M, Echeverria, B y Marín, A. PPU (1993). Teoría y práctica de la orientación educativa.

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