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REFLEXIONES SOBRE LA CONCEPCIÓN DEL FUTBOL POR NIÑOS Y JOVENES

  

por Jesús Armando González Rodríguez (Ven) < sabiosan719@hotmail.com >

 

 

“El niño no es una botella que hay que llenar, sino una llama que es preciso encender” - Montaigne


 “Un niño es un ente evaluador y sensible de ser evaluado”

¡Campeonato Interno de Fútbol en el Colegio San José de Calasanz. Joseph es nombrado Capitán de los jugadores del Quinto “A” y Jonáyker, como capitán del “B”. Dentro de cada salón piden permiso a la maestra y se reúnen para discutir las alineaciones y los puntos fuertes y débiles, tanto de ellos como de los contrarios ¡Hay que ver cómo alínean, dan las instrucciones sobre quién marca a quién, hacen los cambios de jugadores y los cambios posicionales! ¿No entienden los niños de estrategias?

En Séptimo Año “B” del Colegio “Y” hay prueba de Matemáticas sobre Ecuaciones Lineales de Primer Grado con una incógnita y, cuando tocaba dar la clase, los alumnos hicieron un desorden tal que la profesora decidió dar “Materia Vista”, por lo que no les explicó nada.
Varios muchachos se reunieron con el hermano mayor de Kéyver, quien es Profesor de Matemáticas. Otros, buscaron el Álgebra de Baldor y fueron con el papá de Édixon, que es Ingeniero. Otros, decidieron hacer “chuletas” (pequeñas fichas para copiarse en los exámenes) y cada uno buscó la manera de solventar el problema.
No obstante, se reunieron tres de los mejores alumnos costituyendo una comisión para ir a conversar con la profesora a fin de ofrecerle excusas y rogarle que reconsiderase la situación.

Es obvio suponer que trabajar con niños y adolescentes, no es lo mismo que hacerlo con adultos. No es difícil enseñar a los niños, pero requiere armarnos de paciencia.

Los niños tienen varias ventajas entre las cuales se destacan las de este decálogo :

  • 1) En muchas de sus acciones parecen desconocer el miedo o no medir el peligro.
  • 2) Su mente nueva es como una “tábula rasa” (Pizarra en blanco) donde vamos a escribir nuestros mensajes.
  • 3) El aspecto lúdico (referente al juego) es la esencia de vida del niño.
  • 4) Al niño le gusta quedar bien en el grupo de iguales, por lo que pone todo su empeño para lograrlo.
  • 5) El niño carece de los vicios que tenemos los adultos.
  • 6) El niño puede aprender bien, si se le inicia enseñándole bien.
  • 7) El niño aprende el fútbol por patrón de émulo y ensayo – error. (Transferencia de aprendizajes)
  • 8) El niño es capaz de autoevaluarse y evaluar a los demás (Incluyéndonos a nosotros).
  • 9) El niño es significativamente sensible a las observaciones pedagógicas sobre sus fallas y aciertos.
  • 10) El niño posee sueños, ilusiones, esperanzas y un rico mundo interno, el cual debemos motivar con el trazado de metas factibles.

Otras consideraciones y variantes, al estilo de las anteriores, pueden tomarse en cuenta para seleccionar nuestras estrategias metodológicas.

Trabajar con Fútbol Base implica enseñar Fútbol y, si vamos a enseñar, estamos ante un hecho pedagógico y educativo, por lo tanto, debemos conocer quiénes serán nuestros educandos, las características, nuestra materia prima y, desde luego, SABER DE FÚTBOL.

Tal vez Usted piense que este material va a resultar un tratado de Psicología Evolutiva, o del Aprendizaje Psicomotor... ¡No! Simplemente vamos a considerar las experiencias y recomendaciones, tanto nuestras, como de estudiosos de la Psicología Evolutiva, donde haremos énfasis en Jean Piaget (1) con sus estadios, y de la Psicología del Aprendizaje, donde nuestro patrón de referencia será el conductista Skinner (2) con sus “Drives”.

Tampoco se piense que nuestra intención es realizar un análisis exhaustivo de sus teorías, ni siquiera al estilo de “Marco teórico”. Sólo pretendemos tomarlos como referencia para que el Técnico de Fútbol – Base tenga una idea elemental sobre en qué se sustenta el proceso enseñanza – aprendizaje.

Sería demasiado ambicioso hacer un tratado sobre un tema tan extenso y completo como es el aspecto psicoevolutivo, cuando hay tanta Bibliografía Especializada que refiere el tema. Como podrán darse cuenta, estamos obviando la edades correspondientes a cinco años y menores, hasta neonato.

No obstante, en apretada síntesis, haremos el intento de orientar, en base a principios científicos universalmente aceptados, nuestro trabajo en este campo.

  • (1) Jean Piaget: Psicólogo suizo. Realizó estudios sobre la evolución de la inteligencia infantil.
  • (2) Burrhus Skinner (Pensilvania). Psicólogo defensor y propagador del conductismo. Hizo estudios sobre Psicología del Aprendizaje e institucionalizó sus famosos “Drives”.

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 Generalidades sobre los niños desde U - 6 hasta U - 12

(Nos estamos refiriendo sólo a comentarios ilustrativos; no a un tratado de Psicología Evolutiva o del Aprendizaje)

Es necesario considerar en las edades de seis a doce años, el aspecto lúdico (Referente al juego) como esencia de vida, como móvil de las acciones, como componente básico.

El niño de seis años tiene una característica clave que es el EGOCENTRISMO (se cree el centro del mundo) y considera que todo gira en torno a él. ¡Busca llamar la atención!

Es una característica siempre presente en mayor o menor grado, que hoy en día, con la presencia de las guarderías, los jardines de infancia, los hogares de cuidado diario y los tres niveles de pre escolar, tiende a disgregarse, por no decir “minimizarse un poco”, ya que las experiencias con el grupo de iguales en las fases etarias anteriores, le han servido de apresto (preparación para...) con todas las incomodidades de adaptación que ha debido sufrir para los iniciales procesos de adaptación. (Consideremos diferencias individuales en crianza, introversión y extroversión, amén de realidades concomitantes).

El paso de seis a siete años va a servirle para ir descubriendo que no es él solo en el curso, en el equipo, o en la Escuela de Fútbol.

Ese egocentrismo se manifiesta, en la práctica del balompié, en querer tener el balón sólo para él. Por eso es que no lo pasa; no lo quiere compartir, ya que en su fuero interno le satisface su interés lúdico considerándolo de su exclusiva propiedad.

El descubrir que en el equipo o su curso (grado donde estudia) hay otros que sienten y padecen igual que él y tienen intereses comunes, es algo fuerte, por no decir traumatizante, en esas edades, pero, necesariamente, es ley de vida en el natural proceso de progresiva madurez.

A este egocentrismo de los seis – siete años, debemos sumarle otra característica (que hoy en día se desarrolla asombrosamente con la T. V., transmisiones satelitales, los juegos de video, P. C. y similares) donde la imaginación nutre su rico mundo interno, que es la FANTASÍA. En esta fase etaria, el niño es fantasioso y suele haber momentos en los cuales parece aislarse en su mundo interno, tener interesantes y curiosos monólogos (a veces indescifrables para el adulto) o identificarse en la personificación de seres reales o imaginarios.

Hasta los seis – siete años, el elemento clave de identificación es la madre. Hacia los 8 años, comienza a ser el padre (cuando existe su presencia real y factible) y después, el elemento guía pasa a ser el docente en su institución educativa, o el técnico / entrenador en el equipo o la escuela de fútbol.

Valgan las aclaratorias, porque esto varía en las realidades del mundo moderno, por el hecho del altísimo porcentaje de madres solas que son cabezas de familia, principalmente en los países del primer mundo, así como el caso de las madres abandonadas en nuestros países. Estas observaciones tan palpables, han hecho que la FIFA se interese por integrar e insertar en el Fútbol a la mujer, no sólo porque se practique Fútbol Femenino y exista igualdad de derechos en el hombre y la mujer, sino porque es ella la que tiene que decidir qué deporte va a practicar el niño o niña que está bajo su tutela (y la FIFA prefiere que sea el Fútbol...¡Obviamente!).

En la edad de 6 – 7 años hay que trabajar más que todo en la socialización. Las actividades de instrucciones deben hacerse básicamente con el gran grupo, de forma de conceder oportunidad de apresto a todos e ir estimulando a los que observamos un poco retraídos o que tienden a autoexcluirse por razones de personalidad. Las actividades deben ser lúdicas y, el elemento agonístico (competencia) se debe ir asomando en forma recreativa, tanto permitiendo las espontaneidades, como organizando juegos predeportivos adaptados al fútbol.

Lo que más interesa al técnico de estas edades es que el niño internalice afición y aprenda a seguir instrucciones.

Aunque lo principal será cuidarlos, para prevenir lesiones e ir corrigiendo poco a poco, debemos dejarles que jueguen lo más posible e ir variando progresivamente el número de competidores, hasta conseguir trabajos en grupos de tres y espacios reducidos, lo que permitirá una mejor enseñanza y un aprendizaje más efectivo.

Tengamos muy en cuenta :

  • Están contraindicadas las charlas largas.
  • Sólo se dan las elementales instrucciones y advertencias de rigor.
  • No los sentemos a largas charlas técnicas cuando ellos están pendientes de los balones.
  • Evitemos ponerlos en columnas e ingeniémonos para que todos estén en actividad.

A los ocho años comienza el verdadero aprendizaje

Ya el niño parece haber consolidado el uso de razón y es capaz de mantener posición en el campo y evolucionar visiblemente con relativa facilidad.

Comienza a identificarse en subgrupos y aparece el compañerito que actúa como “compinche” (amigo inseparable), aun cuando acepta a los demás.

Comienza a verse la presencia y maduración de la conciencia social.

Si la figura del padre existe, es aquí muy importante su apoyo.

El entrenador, más que un técnico, debe ser un líder y, de vez en cuando :

  • Pedir opinión a sus jugadores sobre lo individual y colectivo del equipo.
  • Conversar con ellos e irles ayudando a madurar.
  • Enseñarles :
      • El valor de la puntualidad.
      • El respeto a sí mismo y al compañero.
      • La responsabilidad.
      • El amor por la franela.

Para el proceso de enseñanza – aprendizaje de las acciones técnicas, utilizar el Método del Desglosamiento y tener presente el Drive de Proyección de Skinner  “Las acciones psicomotrices se aprenden o perfeccionan por imitación, teniendo claro un patrón de émulo y adiestrándose en ensayo – error.”

En la etapa de 8 a 10 años, como el niño crece lentamente, hay estabilidad biomecánica y mayor armonía de acciones kinestésicas, por lo que el niño aprende a dominar su cuerpo y la reacción córtico – podal (En el caso del Fútbol) la ve realizada con satisfacción.

De diez a doce años, la prepubertad le hace descubrir la preferencia por el concepto de “pandilla” y adquiere valor el sentimiento de lealtad hacia el grupo. Es aquí cuando la enseñanza de la táctica debe iniciarse con ejercicios simples de “Toma y Circulación”, movimientos de desplazamiento en el terreno de juego y acciones de táctica fija.

El perfeccionamiento de los fundamentos técnicos deberá hacerse en espacios reducidos y con grupos de 3 – 3, 4 – 4 hasta ir ampliando.

El niño va a entrar el pubertad, unos antes, otros después, y en su mente comienza a tomar forma la abstracción y debemos tener en cuenta que la táctica es un concepto abstracto.

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 Confrontación y Autoadiestramiento

El niño debe saber lo que está bien y lo que está mal. No le podemos engañar, ni permitir que él se engañe a sí mismo. El secreto está en la forma decirle las cosas. Si el niño patea mal el balón, podemos decirle: “No; así no es porque estás dejando atrás el pie de apoyo. Observa”. El pequeño lo va a aceptar y comprender. Otra cosa es descalificarlo con epítetos insultantes o comentarios irónicos y despectivos.

Del mismo modo, cuando lo patea bien, hemos de reconocérselo, pero sin caer en la alabanza exagerada, que puede hacer que su autoestima alta, se convierta en prepotencia y autosuficiencia mal entendidas.

Debemos enseñarle que cada uno debe tener conciencia clara de su valía y, cuando hace las cosas bien, debe valorarse, pero manteniendo siempre la humildad y la modestia.

El sentimiento de maximización hace que a la larga nos estrellemos y quedemos mal a los ojos de nuestros semejantes.

Si observamos una sesión de entrenamiento de Fútbol – Base, podremos darnos cuenta de que el niño reconoce y celebra los logros de un compañero en determinado momento: Felicita al arquero cuando hace una buena atrapada o despeje, choca las manos con el que logró el gol y así, podemos formarnos una idea que nos hace deducir que los juicios valorativos tienen mucho que ver, no sólo en el adelanto deportivo, sino en la conformación progresiva de su personalidad.

Estos referidos juicios por parte del Técnico, el grupo de iguales, el entorno familiar y amistoso que le rodea, la opinión experta ocasional de alguien autorizado, y la autoevaluación y conciencia de su fuero interno, afianzan valores y actitudes, desarrollan capacidades de saber (qué), saber hacer (cómo) y ser (posición ante...), a la vez que detectan intereses, actitudes, aptitudes, ritmos de aprendizaje, limitaciones y dificultades, para orientarlos hacia la consolidación del adiestramiento efectivo.

Debemos proporcionar al pequeño jugador oportunidades para aprender del acierto, del error y la experiencia.

Los niños tienen una idea bastante aproximada de cuál es el nivel de fútbol de ellos y de cada uno de sus compañeros. Fíjense cuando los ponemos a sacar una partida y empiezan eligiendo ¿Quiénes son los primeros escogidos? ¿Quiénes van quedando rezagados?

Consideremos cuando a ellos mismos les toca organizar el equipo de su salón de clases, o del barrio, cuadra, bloque, edificio, conglomerado social o urbanización donde viven. Este concepto de pandilla, de solidaridad al grupo de iguales y capacidad de identificación e intuición debemos aprovecharlo los Técnicos y cualquiera que pretenda ejercer un rol docente con los niños como materia prima. El niño es capaz de interpelar y autointerpelarse, de confrontar y autoconfrontarse, y también de reflexionar y exhortar a la reflexión. En otras palabras, el niño es un ente evaluador.

No podemos olvidar que, en el fútbol, estamos trabajando básicamente la psicomotricidad, la cual tiene que ver con la capacidad para realizar determinados movimientos y el control que de una manera consciente se ejerza sobre ellos.

En los primeros siete años se estimula el desarrollo de las habilidades motoras básicas como la postura, el equilibrio, la coordinación motriz, la imagen corporal, la lateralidad y la direccionalidad.

A partir de los siete años, vendrá el perfeccionamiento de las habilidades motoras básicas, un mayor dominio en la rapidez y un desarrollo de la fuerza muscular.

Tengan en cuenta que estamos adiestrando las habilidades óculo – podales y las reacciones córtico – corporales para un mejoramiento percepto – motriz.

Todo lo anterior es básico, y su conocimiento es taxativo e inexcusable para entrenar Fútbol con Menores

También debemos considerar la inteligencia manifiesta en el llamado aspecto cognoscitivo o desarrollo intelectual, el cual tiene que ver con ciertas formas o estructuras de acción por medio de las cuales el ser humano, en este caso el niño (como unidad biopsicosocial), asimila los objetos y eventos con los cuales interactúa.

Cuando el niño reflexiona y se confronta, está analizando sus avances, limitaciones y dificultades. Mediante esta autoevaluación, el pequeño jugador espontáneamente :

  • Emite juicios de valor sobre sí mismo, en función de ciertos criterios o puntos de referencia.
  • Analiza y describe sus actividades, características y la variedad de causas de sus éxitos y fracasos.
  • Estimula la retroalimentación constante de sí mismo para mejorar su actuación.
  • Participa críticamente en la construcción de su evolución futbolística.
  • Evalúa todo el proceso, así como su propio interés, dedicación, atención, preparación anterior, actitud frente al fútbol y progreso en su desarrollo, para decidir cuál es o fue la causa del acierto y el del error.
  • Evita errores y sus causas y esto le ayudará a planear mejor la actividad.

La autoevaluación es muy recomendable como medio valioso para impulsar la formación integral, por cuando mediante ella se logra aumentar en los pequeños jugadores su autoestima, despertar su sentido de responsabilidad y afianzar su autonomía.

Si el niño es capaz de evaluar a otros, es sensible de ser evaluado y debe estar consciente de esto. La coevaluación consiste en una evaluación mutua, conjunta de una actividad o un trabajo determinado realizado entre varios; en este caso, una sesión de entrenamiento, un juego, o el conjunto de acciones que constituyen el funcionamiento del equipo. Mediante la coevaluación, el pequeño futbolista :

  •  Determina los logros personales y grupales.
  •  Incrementa su participación, reflexión y crítica constructiva ante situaciones específicas de aprendizaje.
  •  Consigue una valoración recíproca y reflexiva del grupo.
  •  Busca soluciones a problemas del equipo.
  •  Desarrolla el liderazgo.
  •  Opina sobre su actuación en el grupo.
  •  Mejora su responsabilidad e identificación con el trabajo.

El Técnico, inteligente y organizadamente, debe contribuir con sus opiniones y apreciaciones a la evolución del niño y el equipo en sí. Hacerle ver que el juego (momento de competencia) es una evaluación en sí, o mejor dicho, un instrumento evaluativo que califica con el resultado (cuantitativo) y con la actuación y desarrollo del mismo (cualitativo).

¿Entiende el niño de “estrategias”?

Es asombroso observar el ingenio de los niños para manipular a los adultos o lograr lo que ellos desean a base de una brillante actuación donde entran papeles como “manejar el llanto”, “las rabietas”, “el pedir recompensas”, “el hacer cariño”, “Ignorar o aplicar la ley del hielo”.

Pensemos en este ejemplo: Tíffany tiene tres años y va a visitar a su primito Carlos de cuatro. Mientras los adultos charlan, ambos niños van al patio a jugar. Carlitos, que es hijo único, ha desarrollado el egoísmo y posesión de lo suyo y no desea que nadie toque sus juguetes. Tíffany, caprichosa, se empeña en un camioncito; Carlitos se opone y lo aprieta fuerte contra el pecho. Tíffany le da un golpe en la cara y le hala los cabellos. La niña, al ver que el niño está a punto de llorar, rompe ella en llanto, gritos y veloz carrera para llamar la atención de los adultos, aludiendo que Carlos le había pegado. Castigan a Carlitos y le quitan el camión. El niño, sin saber qué hacer, pues sus sollozantes argumentos eran inválidos, enjugándose las lágrimas se marcha a su cuarto, mientras Tíffany, con el camión en su poder, sonríe disimulada y silenciosamente.

¿Cómo es capaz una niña de tres años de tramar todo esto?

Seguramente, cada uno de los lectores tendrá más de una de estas anécdotas relacionadas bien con sus hijos, sobrinos o desconocidos que han observado. El pasado ejemplo, no sólo ilustra la capacidad para mentir y fingir, sino la habilidad para diseñar una estrategia que le permita salirse con la suya. ¿No entienden los niños de estrategias?

Observemos a un niño frente al P.C. de una computadora, un Play Station o cualquier juego de video que implique combate y astucia ¿No descubre enseguida las tácticas de guerra y las combina mucho más rápido que un adulto? ¿No entienden los niños de estrategias?

Observemos a unos niños jugando “Policías y ladrones”: “Quedan sólo tres niños en la guarimba (Refugio donde están a salvo) y todos sus compañeros han sido atrapados. Alguno de ellos tiene que salir para librarlos y, todos los niños que hacen de policías están a la expectativa. Asombrosamente, en cada bando comienzan a diseñarse estrategias: Los policías se ponen de acuerdo en quiénes van a cuidar a los apresados (que no pueden huir si no son tocados por alguno de sus compañeros que están “libres”). Los tres que quedan deciden salir primero dos, uno por cada lado y, mientras los policías están ocupados en perseguirlos, el que resta sale por otro lado. En la guarimba de los policías, los presos se ponen en cadeneta para que los ladrones puedan tocarlos con mayor facilidad.” ¿No saben los niños de estrategias?

Esto quiere decir que, aparte del aprendizaje y mejoramiento de acciones y fundamentos técnicos, el niño está en capacidad de dominar ciertos patrones de juego y básicas evoluciones tácticas, aun cuando la táctica en sí sea un concepto abstracto.

Si nosotros combinamos para nuestra persona tres exigencias: Vivencia, conocimiento y Disposición para el trabajo (Planificar y ejecutar) y, liderizamos el grupo de niños en base a conjugar los aspectos lúdico y agonístico con acciones evaluativas a conciencia, según lo asomado en este material, tengan por seguro que los resultados que encontraremos serán sorprendentes en el plano positivo.

¡Los niños dan sorpresas!

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 El Plano Onírico

“Oneros”: referente a los sueños.

Los sueños a los cuales nos referimos no son sólo aquellos que “vivenciamos” cuando estamos dormidos, aquellas visualizaciones del subconsciente, sino las ilusiones y fantasías que disfrutamos cuando estamos despiertos (obviaremos los temores).

Si nosotros, adultos, somos capaces de atrevernos a soñar, imaginen al niño, con su fantástico mundo interior y su inmensa fantasía.

El niño es capaz de repasar una jugada soñando, caminando por la calle y concentrándose en ella. Tal vez, en el mismo salón de clases durante una sesión que él considere aburrida.

Los niños manejan muy bien el “flashback” (Relámpago de pensamiento; volver atrás con una visualización de acción pretérita) y es capaz de analizar fallas y aciertos o repasar una jugada o virtuosismo que vio a algún jugador, entrenador o compañero, en cámara lenta y paso por paso para después ensayarla hasta conseguir su logro.

Es capaz de mejorar con una nueva idea.

Su subconsciente se hace presente en el consciente y quizá desde el plano del Alter Ego. Allí se nutre la afición, allí germina la mística, allí se realiza el aspecto lúdico. Debemos manejar este dualismo de realidad –fantasía en pro de lo que deseamos.

Es menester demostrarles, con nuestra actitud, que tenemos esperanzas en ellos y que todos juntos constituimos un hermoso grupo de trabajo.

Démosle material escrito, para que lo lleven a su casa y lo lean y lo compartan con sus representantes (Favor escribir en lenguaje inteligible para ellos). Esto los hará pensar a ratos y consultar con la almohada.

Éste es un gran punto a nuestro favor y, lo más importante, para el de ellos.

Esas ilusiones que nos hacen disfrutar cuando estamos tranquilos en nuestro hogar pensando, transportándonos; cuando nos sentimos realizados ante la presencia de un balón, cuando paseamos o vamos en un transporte público y nos damos el placer de hacer volar la imaginación hasta un partido de fútbol, hasta un torneo o campeonato, a la ejecución sofisticada de una jugada, de una acción técnica.

Al identificarnos virtualmente con un jugador de altísima competencia, que vemos actuar en un Mundial, un suramericano, una Copa UEFA o un Campeonato de Clubes.

Esa jugada magistral que disfrutamos en un Stadium, en un entrenamiento, ante el T. V. ante un video, que hace que la emoción obligue a que el corazón pierda un latido, se nos ponga la “piel de gallina” y las lágrimas deban ser enjugadas para disimular la emoción.

Esos momentos futbolísticos que logran identificarse como los glóbulos con nuestra sangre y que transmiten a nuestro cuerpo una sensación indescriptible, una vivencia sensacional, un momento de realización.

Esas visiones que atestiguamos y nos producen una catarsis que nos hace olvidar de todo stress y proyectan nuestra personalidad hacia un virtual Nirvana, pues la verdadera afición, la mística futbolística, se introyectan y conforman esencia y existencia.

Si nosotros, adultos, somos capaces de sentir así...¿Qué dejar para un niño con tan rico mundo interior?

Un niño duerme en posición fetal porque su subconsciente hace retrospección hacia el período prenatal y extraña el útero materno, donde el estaba protegido contra todo y, virtualmente dentro de él, siente la anhelada protección. A nosotros mismos de vez en cuando nos pasa, pero no nos atrevemos a confesarlo o exteriorizarlo. (Quizá después de leer estas líneas Usted lo esté descubriendo).
Son muy complejos los niveles de la mente humana, mas debemos comprender que Dios nos hizo superiores a los animales en algo básico: Ellos tienen instinto; nosotros, intelecto. Siendo mamíferos homínidos, también deberíamos tener instinto. ¿Quién demuestra que no?

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Lic. Jesús Armando González Rodríguez
Federación Venezolana de Fútbol
Escuela de Formación de Entrenadores, Dirigentes y Árbitros
E. F. E. D. A
  


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