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INDICE
- Introducción
- Espacios
Reducidos
- Ejemplos
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- INTRODUCCION
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La profesión del Entrenador
requiere, como cualquier otra profesión, la capacitación constante, la actualización
continua y el afán de superación inquebrantable por parte del involucrado, tanto
a nivel de metodologías de trabajo como a nivel de los diferentes aspectos que
envuelven al Fútbol.
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Si ya hablamos de metodologías, nos planteamos
a menudo cual sería la más adecuada a nuestra realidad. Que si el entrenamiento
integral, que si el global, que si el específico, ahora también definimos el
estructurado, y así seguiremos indefinidamente por la propia dinámica del deporte.
En la conferencia de Donegal (Irlanda) para Entrenadores
de divisiones juveniles, un asistente nos preguntó: “Para usted, ¿Cuál es la
mejor metodología para trabajar con los jugadores?”. La pregunta nos pareció
demasiado importante y concreta como para explayarnos en demasía con la respuesta,
por lo que, intentando no pecar de inmodestos, le contestamos: “La mía. Y para
usted, ¿cuál es la mejor?”. Nuestro amigo intentó no tartamudear, pero fue tanta
su sorpresa al no esperarse tal respuesta, que esta situación evitó que se diera
cuenta que nos habíamos -en ese preciso momento- definido una nueva concepción
metodológica en nuestra carrera de Entrenador, después de 15 años en los campos
de juego.
A diario nos topamos con situaciones que avalan
lo que dijimos entonces. Entrenadores que logran grandes éxitos en sus países
de origen, son contratados en otros y no los repiten. Dentro de un mismo país,
pueden existir diferentes concepciones futbolísticas según la región, y aún
más, equipos de la misma región, pueden llegar a sentir el fútbol o conceptualizarlo
de diversa manera.
A cualquier Entrenador que llega a trabajar a
un medio que no es el suyo, nunca le faltan los “allegados” que lo aconsejan:
“Mister, en Roma hay que comportarse como un romano”. Y en esta frase
tan sencilla, se oculta gran parte de la diferencia entre el éxito y el fracaso
de un Entrenador. En su capacidad de adaptación a un nuevo entorno, a jugadores
con características diferentes a los que estaba acostumbrado a trabajar, a nuevas
costumbres sociales, idioma, hábitos culturales, alimenticios, religiosos y
otros, se encuentra una porción importante de la clave para lograr sus objetivos,
manteniendo los rasgos de personalidad que lo han llevado al puesto.
Nos contaba un Entrenador a su regreso de trabajar
en un país del Golfo Pérsico, que en toda sesión de entrenamiento, oía una sirena
proveniente de una mezquita cercana, y el jugador dejaba todo lo que estaba
haciendo en el campo y comenzaba un rezo de 30 minutos. Como ejemplo resulta
válido para mostrar que existen factores locales que se convierten en imprescindibles
a la hora de la planificación de un trabajo en un medio que no es el conocido.
Del mismo modo, podemos mencionar otra situación
que se da frecuentemente: Entrenadores, que son contratados en otros países,
solicitan la contratación de jugadores que ya han trabajado con él en otros
equipos, lo cual les permite no desprenderse repentinamente del bagaje de experiencias
que poseen y que le han llevado al éxito en otras latitudes. Lógicamente, esto
puede retrasar su aclimatación al nuevo entorno. En ellos y en su habilidad
para conocer rápidamente donde se encuentran, se apoyarán sus logros futuros.
De estas realidades podemos deducir que existen
numerosos parámetros a considerar, los cuales nos ayudarán a definir nuestra
metodología de trabajo a donde sea que vayamos. Por
lo tanto, cuando definimos nuestra metodología, (y cada Entrenador debería definir
la suya propia), sea de trabajo en general o sea de entrenamiento en particular
(el Entrenador posee otra funciones además de entrenar!), concluimos un ejercicio
cognoscitivo elaborado por nosotros mismos como Entrenadores, para el cual debemos
nutrirnos de gran cantidad de información de alto grado cualitativo.
Investigar por nosotros mismos y contar con fuentes fiables es parte del proceso.
Creemos en el Entrenador
autodidacta, investigador, inquieto, que no se conforma con lo que han investigado
otros, que posee capacidad de análisis, y que no se escuda en el argumento simplista
de que todos los resultados
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Afirmamos convencidos que la propia metodología
de un Entrenador ciertamente se podrá fundamentar sobre la base de todas las
ya conocidas a nivel masivo, y además, sobre las que descubrimos en el intercambio
continuo de conocimientos y experiencias con otros profesionales colegas. Cada
una de ellas nos podrá ser de utilidad en ciertos momentos o circunstancias,
y es aquí donde la visión del Entrenador en aprovechar de cada una de ellas
lo adaptable a su planificación o realidad del momento, lo hará portador
de una mejor oportunidad para triunfar.
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¿ ESPACIOS REDUCIDOS ?
En reiteradas oportunidades, presenciando entrenamientos
de otros equipos, algunos de los ejercicios observados aparecen como similares
unos a los otros o aún más, sentimos que se repiten, aunque en realidad, poseen
diferencias sustanciales de acuerdo a los objetivos fijados por el Entrenador.
Nuestro primer desafío cuando nos enfrentamos
a la preparación de una unidad de entrenamiento, es evaluar si los ejercicios
que incluimos en la misma son adecuados a nuestro equipo. Partiendo de la premisa
que el objetivo primordial del entrenamiento es siempre mejorar la condición
general del jugador (a nivel técnico, táctico, físico y psicológico) y del equipo
en su globalidad, el planificar y llevar a la práctica con éxito un ejercicio
sin considerar las capacidades mencionadas, podría resultar ineficaz para la
consecución de los propósitos prefijados.
En el Entrenador está el adecuar los ejercicios
al nivel de su equipo y al orden de prioridades que las circunstancias le fijen.
También si los objetivos no son logrados en su totalidad pero ha habido una
mejora en la actuación de los jugadores, el entrenamiento ha sido fructífero.
Siguiendo un proceso lógico de razonamiento,
recorremos el siguiente diagrama :

Previo a la presentación de un ejercicio sobre
la base del trabajo en espacios reducidos, en el cual veremos algunas variantes
alternativas con objetivos disímiles, consideramos conveniente realizar algunos
razonamientos al respecto.
El mundo en el que vivimos
nos muestra que los niños y jóvenes cada día menos juegan al fútbol en las calles,
en los barrios, con sus amigos. Las ciudades se han “verticalizado”, el negocio
inmobiliario sigue creciendo a ritmo desenfrenado, quitando los espacios abiertos
en los cuales disfrutábamos jugando desde la salida del colegio hasta la caída
del sol; la informática se ha “aprovechado” de esta situación y se ha introducido
en la vida de nuestros jóvenes, a la cual le dedican horas y horas durante el
día y la noche.
Durante las décadas de
los años 60 y 70, investigadores europeos y asiáticos viajaban a los países
sudamericanos a detectar el fenómeno que existía en esos países, que futbolísticamente
lograban mostrar cierta superioridad técnica sobre los jugadores de sus respectivos
continentes. Filmaban, fotografiaban, y veían asombrados como 4 chavales jugaban
en la calle partidos de 2 contra 2, en los que como portería se ubicaban piedras
para marcar sus extremos. Y así 3 contra 3 y más. Eran horas y horas de partidos,
y así se vivía.
Algunos países, entre ellos
Holanda, lograron trasladar todos esos años de investigación, a una realidad
más acorde con nuestros tiempos, y así como los holandeses desarrollan su teoría
del 4 contra 4, en un campo pequeño adecuado a las diferentes franjas etarias
de sus jugadores, otros países han desplegado diversas metodologías a efectos
de minimizar ese handicap en la técnica de sus jóvenes. O sea, al juego de la
calle “le vistieron” cierta metodología, y así los niños holandeses, alemanes
y otros se dedican a jugar y a desarrollarse en los diferentes aspectos técnicos-tácticos
del fútbol. Y por sobre todas las cosas, se intenta aprovechar cada minuto del
entrenamiento para compensar todas esas horas que los niños ya no lo pasan en
las calles jugando. Hay un método, y hay una definición de los espacios, de
acuerdo a los objetivos de la planificación y a las capacidades de los participantes.
No queremos decir que en
otros continentes los niños no jugaban ni juegan en las calles; a lo que deseamos
llegar es a definir, de la forma más precisa posible, a qué llamamos espacios
reducidos. Si dentro del área grande realizamos un juego de 1 x 1 con porterías
sobre los laterales del área, deducimos que para estos dos jugadores el espacio
es inmenso, y rara vez en un partido se encuentran en un contexto de aislamiento
similar en tan grande espacio. Si el mismo juego lo efectuamos dentro del área
pequeña, las condiciones son diferentes y la situación se vuelve más similar
a lo que ocurre en una competencia. Con este simple y exagerado ejemplo, queremos
demostrar que existen numerosos parámetros que intervienen en la definición
de la eficacia de un trabajo en espacios de menor superficie que el campo de
juego total.
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Luego de algún tiempo trabajando sobre estas
definiciones, fuimos participantes de un simposio en Inglaterra, donde se
presentó un estudio desarrollado en Alemania, el cual consistía en cuadricular
un campo de juego a través de un sistema informatizado, llegándose a analizar
más de 50 partidos de categoría juvenil, revelándose las diferentes situaciones
que se generaban en los distintos sectores del campo. En los resultados del
análisis, se apreciaban donde se repetían las situaciones de 1x1, 2x1, 3x2,
2x3, y más, y con qué frecuencia. Esto nos permitió estudiar bajo otra óptica
los trabajos que personalmente veníamos realizando hasta ese momento y que observábamos
en diferentes entrenamientos de otros colegas. Y notamos que en entrenamientos
de diversas categorías se dedicaba más tiempo a situaciones que no eran habituales
en un partido, y menos tiempo a otras más frecuentes. Esta es la diferencia
entre “gastar” el tiempo e “invertirlo”. Vale aclarar que en el estudio no se
especificaban los diferentes sistemas de juego empleados por los equipos, sino
que se generalizaba el análisis bajo tres sistemas fundamentales: 1-4-4-2, 1-4-3-3
y 1-3-4-3 (los más habituales practicados por los equipos).
Y agrego: sobre los ejercicios en espacios reducidos,
definidos según lo que detallaremos a continuación, creemos en la necesidad
que sean “DIRECCIONADOS”, o sea, que el mantener la posesión del balón
posea un fin adicional (convertir gol) a la posesión del balón en sí y ejercitar
la presión por parte del oponente, con el objetivo de transitar de defensa a
ataque y viceversa rápidamente y sorprender al rival.
O sea, estos ejercicios podrán ser más efectivos
si poseemos una dirección hacia la cual avanzar o retroceder, sin perder de
vista la portería rival y la propia. Así, la defensa podrá mantener un marco
de eferencia que le permita ubicar a sus defensores en posiciones adecuadas
para la defensa del gol.
Si deseamos diseñar un trabajo en un espacio
reducido, es necesario:
1) Definir el OBJETIVO. Fundamental. De tener
claro el objetivo, lo demás se circunscribe simplemente a administrar los recursos
(plantilla, ayudantes, materiales, campo de juego, etc.). Sobre este primer
punto, se basan todos los siguientes.
2) Que las DIMENSIONES del área de juego estén
directamente relacionadas con el número de jugadores que participan del ejercicio
y con sus capacidades técnicas, tácticas y físicas a un nivel promedio.
3) Que las LIMITACIONES fijadas por el Entrenador
en cantidad de TOQUES AL BALÓN que cada jugador puede efectuar, se sucedan progresivamente
(de lo más simple a lo más complejo), o sea, disminuyendo el número de contactos
con el balón por jugador cada vez que entra en contacto con él (libre, 3 toques,
2 toques, 1 toque). De esta forma, el jugador se familiarizará con situaciones
reales de juego. En este punto nos queremos detener. La limitación en la
cantidad de toques, puede tener diferentes lecturas. Por un lado, el hacer correr
el balón de tal forma que la transición del juego del equipo desde una posición
más retrasada a una más adelantada, nos permite llegar a la portería rival más
rápidamente. Por el otro, el obligar al jugador a desprenderse apresuradamente
del balón, lleva a que el jugador inhiba su propia inventiva con el balón (regatear,
fintar, etc.), lo cual a ciertas edades no resulta lo más aconsejable. En los
niños en especial, deseamos que desarrollen todas sus habilidades y el gusto
por el juego, por la competencia, por superar a un rival, por lo que concluimos
que la limitación de toques al balón requiere de un pormenorizado estudio en
edades tempranas.
4) En lo táctico, que el Entrenador enfatice
tanto en el juego a lo ANCHO como a lo LARGO. Los defensas, medios y delanteros
deberán trabajar sobre los dos ejes (el vertical y el horizontal). Se buscará
el realizar ataques combinativos, sin abusar del juego horizontal, sino buscando
también la profundización a través de la verticalidad.
5) Que la EXPLICACIÓN del Entrenador sea PRECISA
y sus OBJETIVOS CLARAMENTE EXPUESTOS a los jugadores; de esta forma, se ayudará
al éxito del ejercicio y a la consecución de sus objetivos. El aliento constante
a los jugadores en pos de la realización de su mayor esfuerzo, también favorece
a lograr obtener de ellos la expresión máxima de sus capacidades y cualidades,
conjuntamente con el nivel de concentración adecuado. El jugador se entrega
al máximo pues desea progresar y llegar al éxito, sintiéndose apoyado por el
Entrenador.
6) Que la DURACIÓN del ejercicio se encuentre
en relación directa con los objetivos del mismo, como también el tiempo de recuperación
entre las repeticiones. El jugador debe estar siempre en condiciones de brindarse
al máximo de acuerdo a las exigencias del Entrenador, y es este último quien
puede distinguir y fijar tiempos de actividad y pausa o descanso.
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3
- EJEMPLOS
Ejercicios de esta naturaleza resultan útiles
para el Entrenador a efectos de evaluar las distintas capacidades de sus jugadores,
y de esta manera decidir simplificar o aumentar el grado de dificultad de los
mismos. De todo ejercicio debe el Entrenador extraer las conclusiones correspondientes
que lo orienten en el diseño de nuevas prácticas que respondan a las necesidades
del plantel.
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Ejemplo 1 : “No
Direccionado”
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Ejemplo 2 : “Direccionado”
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Área de juego: 30x30 metros. Nº
de jugadores: 16 (2x8). Duración: 3x8´ (Juveniles y Mayores). Pausa
entre repeticiones: 3´. Medios auxiliares: 4 conos, 16 petos
(8x2), balones.
Desarrollo : 4x4 dentro del área señalada;
un equipo mantiene la posesión del balón y el otro equipo presiona
e intenta apoderarse del balón.
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En los laterales (fuera del área
de juego), 4 jugadores de cada equipo distribuidos de acuerdo a
la Fig.1.
Objetivos
- Mejoramiento de la posesión
del balón en un espacio de dimensiones reducidas.
- Juego de presión (Pressing)
sobre el balón.
Los jugadores dentro del cuadrado
pueden dar hasta tres toques al balón auxiliándose con los laterales,
los cuales devolverán el esférico únicamente a sus compañeros de
equipo e ingresarán al área de juego, permutando los roles con quienes
se auxiliaron en ellos.

Variantes
- Limitación del número de toques
al balón dentro del cuadrado.
- Los laterales deben devolver
el balón a un solo toque.
- Luego de un número determinado
de combinaciones entre los componentes de un equipo, reciben
puntos (por ejemplo, 10 pases equivalen a 1 punto) como premio
por mantener el balón en su poder, y el rival castigo por no
efectuar correctamente la presión para recuperar el balón.
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La disposición de lo jugadores laterales
es tal que un equipo deberá jugar en un sentido y el rival en el
otro (vertical y horizontal).
Objetivos
- Convertir gol traspasando en
conducción las líneas de meta (bandas laterales donde se encuentran
los compañeros externos al cuadrado).
- En posesión del balón, combinar
el juego horizontal con el vertical en base a circulación del
balón.
- En defensa, evitar la circulación
del balón del rival y recuperarlo en base a presión sobre el
poseedor (un jugador al balón, otro cubre y un tercero cierra
la línea de pase), especialmente sobre las bandas del equipo
que defiende; de esta forma, estaremos en condiciones de convertir
gol muy rápidamente.
- El equipo en posesión del balón,
no podrá jugar convertir gol dos veces consecutivas en la misma
banda (salvo que previamente la posesión haya sido del rival),
por lo tanto, se obliga al jugador a cambiar el sentido del
juego.

Variantes
- Se pueden combinar con variantes
del ejercicio anterior, y/o originar otras de acuerdo a los
objetivos.
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Puntos de atención comunes a ambos
ejercicios :
- 1. Desmarques.
- 2. Marcaje “pegajoso”, cobertura
y apoyo.
- 3. Generación, ocupación y aprovechamiento
de espacios libres.
- 4. Recuperación del balón.
- 5. Pases precisos en corto y
largo.
- 6. Cambio de orientación del
juego.
- 7. Transición rápida de defensa
a ataque y viceversa.
- 8. Si deseamos acentuar el trabajo
de posesión, podemos determinar una cantidad de pases mínimos
antes de convertir gol.
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