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TERMOREGULACIÓN Y COMPLICACIONES POR CALOR |
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por Rodulfo Alvarado (Mex) < rodulfoalvarado@yahoo.com.mx > |
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INDICE Los seres humanos son criaturas homeotérmicas, y regulan su temperatura corporal dentro de un estrecho margen durante el curso de sus vidas. Cuando el calor es generado por el incremento de la actividad metabólica, son generalmente exitosos en mantener un estado térmico estable por la activación de mecanismos de pérdida de calor para disipar el excedente. Sin embargo, un ambiente cálido y/o húmedo impone un mayor estrés en la habilidad del cuerpo humano para mantener la estabilidad fisiológica durante el ejercicio, debido a una disminución en el gradiente térmico y de presión de vapor de agua entre el cuerpo y el medio ambiente, por ende desmejorando el intercambio de calor. Los mecanismos de transferencia de calor pueden ser agrupados en dos categorías generales, como lo son los secos (Radiación, Convección y Conducción) y los húmedos (Evaporación y Transpiración). El intercambio de calor seco depende de los gradientes internos del organismo y de aquellos entre el organismo y su medio ambiente. Además, la tasa de flujo sanguíneo cutáneo para transportar el calor desde el centro corporal hasta la periferia influye en el grado de intercambio de calor por convección. La pérdida de calor húmedo aumenta con la evaporación del agua, típicamente secretada por las glándulas sudoríparas en la piel. El potencial de pérdida de calor por evaporación está determinado primeramente por el gradiente de presión de vapor de agua entre la superficie corporal y el medio ambiente, que puede ser modificada por el mismo ambiente o la ropa tanto como para que ocasione alteraciones en la actividad y secreción de las glándulas sudoríparas. La alta efectividad de los mecanismos de pérdida de calor en los humanos depende de su muy bien desarrollada habilidad para transpirar, pues puede producirse en casi toda la superficial corporal, y sobre un rango dinámico de tasas de flujo sanguíneo en la piel que es mayor a la de muchas especies. El flujo sanguíneo puede aumentar de 0,2-0,5 l/min en condiciones térmicas neutrales a 7-8 l/min bajo condiciones de estrés térmico tolerable a temperaturas cercanas a los 39ºC. Ejercitarse en calor, para cualquier población, produce demandas inusuales a los centros de termorregulación del cuerpo humano. La producción de calor durante el ejercicio es de 15-20 veces mayor que en reposo y suficiente para aumentar la temperatura central 1 ºC cada 5 minutos si no hay ajustes termorregulatorios. Este calor generado, además del calor producido por el medio ambiente, puede ser compensando por múltiples mecanismos de disipación para evitar una hipertermia significativa. Además si no hay una reposición eficiente de los fluidos perdidos, al disipar calor en forma de evapotranspiración, se aumenta considerablemente la temperatura central, incluso con valores apenas de 2 a 3% de pérdida de peso corporal por deshidratación. Cualquier factor que limite la evapotranspiración como la alta humedad o la deshidratación tendrá profundos efectos en la función fisiológica, el rendimiento físico y aumenta el riesgo de complicaciones por calor. Los niños, personas de la tercera edad y pacientes con enfermedades metabólicas son particularmente susceptibles a una pérdida de fluidos y acumulación de calor considerables, debido a la capacidad disminuida de sudoración, un incremento en el calor metabólico producido, una relación masa-superficie corporal más alta, condiciones médicas crónicas, sensación de sed disminuida, movilidad disminuida, respuesta vasodilatadora disminuida y efectos por medicación. Todo esto conlleva a una disminución en la capacidad termorreguladora. El ritmo cardiaco aumenta hasta de 3-5 pulsaciones por minuto adicionales por cada 1% de peso perdido por deshidratación. Además de que se favorece el metabolismo de degradación del glucógeno, se aumenta la temperatura en los músculos y aumenta la acidosis. Ya se mencionó antes que la producción corporal de calor durante la actividad física está directamente relacionada con la intensidad del ejercicio. La capacidad de disipar este calor depende de la transferencia de calor del núcleo del cuerpo a la piel, de la vestimenta, y del estrés por calor ambiental. El estrés por calor ambiental a que se somete un individuo es una función de la temperatura del aire, la velocidad del viento, la humedad relativa, y la radiación solar. Existe una medida práctica combinada del estrés por calor ambiental, el índice de Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo (WBGT por sus siglas en inglés). El Colegio Americano de Medicina Deportiva (American College of Sports Medicine, ACSM) ha establecido pautas para corredores de larga distancia vistiendo shorts, camiseta y zapatos deportivos, en términos del riesgo de problemas por calor: si el WBGT es mayor a 28o C existe un riesgo muy alto; cuando el WBGT está entre 23° y 28o C el riesgo es alto. Un índice WBGT de 18-23oC indica un riesgo moderado, y si WBGT < 18o C, el riesgo es bajo 4. El riesgo de problemas por calor también se ve aumentado cuando el WBGT alcanza valores extraordinariamente altos, comparados con el clima normal donde la gente se ha estado ejercitando. Hay un número considerable de países latinoamericanos ubicados en la región tropical. Aunque la altitud puede marcar grandes diferencias (p.ej. las ciudades de México y Bogotá son más frescas), el trópico se caracteriza por mantener niveles de humedad y temperatura relativamente altos y constantes la mayor parte del año. No es extraño encontrar valores WBGT mayores a 28°C, especialmente al nivel del mar. Existe evidencia preliminar que indica que los habitantes de las regiones tropicales tienen una mayor tolerancia al estrés por calor ambiental, posiblemente por su nivel de aclimatización crónica al calor . Sin embargo, mientras no se publique información más completa acerca de la tolerancia al estrés por calor ambiental en personas aclimatizadas al calor en forma crónica, se deben seguir las pautas del ACSM. La aclimatización al calor es el conjunto de adaptaciones que le permiten a una persona tolerar mayor estrés por calor ambiental. Éstas incluyen un aumento en la capacidad de sudoración, un sudor más diluido, y una capacidad aumentada de mantener altas tasas de sudoración durante el ejercicio prolongado 54,88. Todas estas adaptaciones ayudan a reducir la acumulación de calor, permitiendo un tiempo más prolongado de ejercicio y un menor riesgo de problemas por calor. Los individuos aclimatizados deben prestarle más atención a la hidratación, debido a su mayor tasa de sudoración. La aclimatización al calor ocurre como resultado normal de la exposición a la actividad física en el calor. Cuando los atletas o la gente físicamente activa se trasladan a regiones más calientes, se puede inducir la aclimatización mediante la exposición progresiva al calor. Al inicio del proceso de aclimatización, la duración e intensidad de las sesiones de ejercicio deben ser más bajas de lo acostumbrado. Luego se pueden aumentar en forma gradual día a día conforme mejora la tolerancia al calor. Se pueden observar adaptaciones significativas en el término de 7-14 días de exposición al calor. Si bien es cierto que la exposición al calor durante el ejercicio es muy importante para la aclimatización, también es cierto que una mejor aptitud física aeróbica, per se, le permite a las personas disipar mejor la carga térmica del ejercicio. Esto se debe primordialmente a una expansión del volumen sanguíneo y una mejoría en la capacidad de sudoración. La cantidad y calidad de ejercicio necesario para mejorar la aptitud aeróbica es mayor que lo recomendado para obtener beneficios relacionados con la salud. La frecuencia debe ser de 3 a 5 días por semana, con una duración de cada sesión entre 20 y 60 minutos, a una intensidad de ejercicio de 55/65% hasta 90% de la frecuencia cardíaca máxima. Todas las personas, aclimatadas o no, deben prestarle atención a las condiciones climáticas y realizar los ajustes apropiados siempre que el estrés por calor ambiental esté por encima de lo normal. Las sesiones de calentamiento antes del entrenamiento o la competición deben ser más cortas y menos intensas, para evitar que la temperatura central suba innecesariamente. La estrategia de competición o entrenamiento debe ser de menor intensidad y duración, además de incluir descansos más largos y frecuentes, para disminuir la producción de calor. A menudo es posible encontrar áreas más frescas, a la sombra o con viento, para las sesiones de calentamiento, los recesos, los períodos de recuperación y las siestas, lo cual ayuda a mantener la temperatura corporal más baja y a prevenir la deshidratación. Existen cinco tipos de complicaciones por calor durante el ejercicio :
RECOMENDACIONES PARA LA PREVENCIÓN Recomendaciones de la Nacional Athletic Trainers Association (NATA) para la prevención de complicaciones por calor durante el ejercicio
Lic. Rodulfo Alvarado |
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